jueves, 3 de diciembre de 2009

Todos llegamos a este planeta con diversas misiones en la vida, una de ellas es aprender lecciones. Según el principio de polaridad, todo tiene dos polos, en realidad, los opuestos son grados de la misma escala, frio-calor, luz-oscuridad, paz-guerra, etc. A lo largo de éste cúmulo de lecciones, deberemos de conocer los opuestos, para saber que ambos existen, no podremos conocer el placer, si no conocemos el dolor, tampoco que es la paz , si no conocemos la guerra, y así un largo etc. En realidad todo esto es un proceso de evolución, y estas lecciones son necesarias para que evolucionemos, tanto nosotros como seres individuales, como la conciencia colectiva de la que formamos parte.

Las antiguas culturas nos han inculcado un mundo, en el cual todo es regido por premios y castigos, desde pequeños nos castigan si nos portamos mal, o nos premian si lo hacemos bien. Los gobiernos también castigan a la gente por portarse mal. Según algunas religiones, si uno es bueno irá al cielo, si es malo al infierno. Esto crea en nuestro subconsciente una adaptación a esa idea, y al final acabamos atrapados en el círculo, autocastigándonos cuando no actuamos en consonancia con lo que “es correcto”. Esta idea es errónea, ya que el universo se rige por una ley de causa-efecto, ésta nos explica que toda causa tiene su efecto y todo efecto tiene su causa, pero no como castigos ni premios, la única finalidad de las pequeñas lecciones, es llegar a una comprensión mayor y evolucionar, pero esto es un proceso.

Hace unos días, hablaba con un buen amigo, el cual me comentaba que había cometido un fallo muy grande, que le hacía sentir un gran sentimiento de culpabilidad, juntos hablamos sobre el tema, y empezamos a analizarlo desde otro enfoque. Primero le dije que analizase las lecciones que había aprendido de esta situación, el empezó a decirme que se daba cuenta de lo que quería y no quería en su vida. En segundo lugar, me dijo que su intención, estaba fuera de repetir ese fallo en su vida, y que intentaría corregirlo con todas sus fuerzas.

Posteriormente, me dediqué a meditar sobre la visión tradicional del arrepentimiento, esa que tanto sufrimiento nos ha hecho pasar a lo largo de nuestras vidas, y he llegado a una conclusión: El arrepentimiento no consiste en autocastigarse, ya que esto no ayudaría a nuestra evolución, si no que consiste en llegar a una comprensión mayor, en aprender nuestras lecciones en la vida, sin juzgar, simplemente como un mero observador, e interiorizando las enseñanzas para nuestra evolución.

domingo, 29 de noviembre de 2009

EL AMOR

‘El Amor, no es la posesión, ni el control, sobre nada ni nadie, el Amor, es el deseo de libertad y felicidad incondicional de lo amado, sin apegos, sin intereses, entendiendo nuestra unidad con lo amado, y entendiendo, que lo amado, reside dentro de nosotros, al igual que el universo entero, sólo debemos buscarlo en nuestro corazón, la fuente de nuestro microcosmos.’

Y UN DIA

Y así después de esperar tanto,
un día como cualquier otro decidí triunfar...
Decidí no esperar a las oportunidades
sino yo mismo buscarlas,
decidí ver cada problema como la
oportunidad de encontrar una solución,
decidí ver cada desierto como la
oportunidad de encontrar un oasis,
decidí ver cada noche como un
misterio a resolver,
decidí ver cada día como una nueva
oportunidad de ser feliz.
Aquel día descubrí que mi único rival
no eran más que mis propias debilidades,
y que en éstas, está la única y mejor
forma de superarnos, aquel día dejé
de temer a perder y empecé a temer
a no ganar, descubrí que no era yo
el mejor y que quizás nunca lo fui,
me dejó de importar quién ganara o perdiera,
ahora me importa simplemente
saberme mejor que ayer.
Aprendí que lo difícil no es llegar
a la cima, sino jamás dejar de subir.
Aprendí que el mejor triunfo que
puedo tener, es tener el derecho de
llamar a alguien "Amigo".
Descubrí que el amor es más que
un simple estado de enamoramiento,
"el amor es una filosofía de vida".
Aquel día dejé de ser un reflejo
de mis escasos triunfos pasados y
empecé a ser mi propia tenue
luz de este presente.
Aprendí que de nada sirve ser luz
si no vas a iluminar el camino de los demás.
Aquel día decidí cambiar tantas cosas...
Aquel día aprendí que los sueños son
solamente para hacerse realidad,
desde aquel día ya no duermo para descansar...
Ahora simplemente duermo para soñar.
“Para obtener cualquier cosa debemos disolver todo lo anterior, y eso lo hacemos pensando únicamente lo que deseamos ser, y no lo que ya fuimos.

Vuestra humanidad tiene que extenderse hasta el punto que entienda que está en un lugar imaginario, y que no regre­sará para recoger viejos hábitos aunque ello signifique un estado de seguridad. ¿Cuántos de vosotros entendéis eso? Pero tenéis que estar en ese lugar. Visualizar en vuestra mente que está ocurriendo una desintegración — ¿estáis escuchan­do?— una desintegración. Ahora, pensad en ella de este modo. Antes de que pueda emerger la mariposa tiene lugar una desintegració n completa de casi toda la oruga, excepto de su cerebro y su espíritu. El cerebro se transforma cuando piensa solamente como si fuera la mariposa, porque ese es el sueño. El sueño es la nueva red neuronal. De este modo todo lo viejo en lo que se tenía que pensar antes ya no se piensa, y entonces se disuelve.

No se os está poniendo a prueba. Estáis abarcando todo un abismo de transformació n. Podéis daros la vuelta y retro­ceder en cualquier momento. Es vuestra elección. Para aque­llos que tienen las agallas de seguir adelante a pesar de todo lo demás y sostienen el sueño, si todo se disuelve, se volverán a formar como la mariposa en el otro lado. Y tienes que sostener ese sueño sin personas, lugares, cosas, momentos y sucesos. Ello significa que el sueño tiene que ser puramente de una mariposa sin ninguna semejanza a la oruga. Y del único modo en que conseguiremos la mariposa será soñán­dola sin ninguna conexión con su vieja realidad. Ahora, es en eso en lo que vais a trabajar…”